3 bloqueos mentales que pueden afectar tu rendimiento

Inclu­so si tie­nes una prác­ti­ca regu­lar de entre­na­mien­to men­tal, tu men­te pue­de comen­zar a jugar­te malas pasa­das fácil­men­te. Como tal, podrías tener pen­sa­mien­tos que afec­ten la for­ma en que ves tu desem­pe­ño, a tu alre­de­dor más pró­xi­mo o inclu­so a ti mis­mo de mane­ra impre­ci­sa, como esos espe­jos de feria que te defor­man la imagen.

Si no se resuel­ven, estos erro­res pue­den afec­tar nega­ti­va­men­te tu ren­di­mien­to, afec­tar tu con­fian­za en ti mis­mo y dañar tus relaciones.

En este artícu­lo, com­par­ti­re­mos tres de estas tram­pas de pen­sa­mien­to comu­nes y lue­go te pro­pon­dre­mos una solu­ción para cada una que podrás usar ya.

Bloqueo Mental 1: Perfeccionismo

Es genial que estés muy moti­va­do y que quie­ras lo mejor de ti mis­mo; pero si bien el per­fec­cio­nis­mo tie­ne sus ven­ta­jas, tam­bién tie­ne algu­nas des­ven­ta­jas sig­ni­fi­ca­ti­vas. Uno de ellos es que exis­ten cosas incon­tro­la­bles que pue­den hacer des­ca­rri­lar tus espe­ran­zas e intenciones.

Por ejem­plo, supon­ga­mos que vie­ne de un par de malos sue­ños y estás estre­sa­do por una dis­cu­sión que tuvis­te con un ami­go. Aún así, estás deci­di­do a ir a la pis­ta y hacer un entre­na­mien­to de inter­va­los sóli­do. Cuan­do lle­gas allí, comien­za a llo­ver y el vien­to se levanta.

Estás deci­di­do a seguir ade­lan­te con la sesión, pero tus pier­nas pare­cen pesa­das y tu men­te sigue vol­vien­do al tema de la rela­ción y lo que dirás cuan­do lla­mes a tu ami­go más tar­de. Cuan­do miras tu reloj des­pués de la pri­me­ra ron­da, ves que estás tres segun­dos más len­to que el obje­ti­vo de tu entre­na­dor, por lo que te enfadas.

Es la mis­ma his­to­ria con el segun­do y el ter­cer inter­va­lo: pare­ce que te vuel­ves cada vez más len­to. Cuan­do regre­sa a casa, está furio­so con­ti­go mis­mo y con la situación.

En lugar de cas­ti­gar­te por per­der tu obje­ti­vo de tiem­pos, dale la vuel­ta a la situa­ción y bus­ca enten­der­te un poco. Has teni­do que luchar con­tra la dis­trac­ción, la fati­ga y el cli­ma adver­so solo para poder comen­zar la sesión, y mucho más aún para ter­mi­nar­la. En lugar de dejar­lo, has hecho el entre­na­mien­to com­ple­to que, aun­que más len­to de lo que espe­ra­bas, te acer­ca un día más a alcan­zar tus metas.

Así que date una pal­ma­di­ta en la espal­da y pien­sa en el obje­ti­vo de la siguien­te sesión de inter­va­los, que podría ser tan sim­ple como ”Seré más rápi­do”, y consíguelo.

Bloqueo Mental 2: “Es el Fin del Mundo”

No hay nada intrín­se­ca­men­te malo en reco­no­cer un pro­ble­ma cuan­do sur­ge. Pero si pien­sas dema­sia­do en ello y empie­zas a fijar­te u obse­sio­nar­te, pue­de con­ver­tir­se en algo mucho más gran­de de lo que es en realidad.

Tome­mos las lesio­nes como ejem­plo. Ima­gi­na que sales a correr, te bajas de un bor­di­llo y te tuer­ces el tobi­llo. Como es la quin­ta vez que lo haces, tu cere­bro inme­dia­ta­men­te te asus­ta. Pien­sas: ”¿Qué pasa si es tan malo como el esguin­ce que me man­tu­vo fue­ra duran­te un mes el año pasa­do?” Cojeas has­ta tu casa y, efec­ti­va­men­te, cuan­do te qui­tas el cal­ce­tín, ves una hin­cha­zón. Pron­to, el tobi­llo comien­za a adqui­rir un color extra­ño. ¡Y aquí vie­ne el tren del pánico!

Cla­ro, apes­ta tor­cer­se el tobi­llo. Pero antes de que tus pen­sa­mien­tos se sal­gan com­ple­ta­men­te de con­trol, debes revi­sar­te y poner la situa­ción en con­tex­to. Está bien, es posi­ble que te pier­das algu­nas sema­nas de correr, pero la par­te supe­rior de tu cuer­po está bien, por lo que aún pue­des hacer algu­nas bue­nas sesio­nes de gim­na­sio. podría ser peor. Si bien es un revés genuino, en reali­dad no es el fin del mundo.

Bloqueo mental 3: Diálogo interno negativo

En todos los depor­tes y en cual­quier nivel la con­fian­za es cla­ve. Si no crees en ti mis­mo, no impor­ta lo que los demás pien­sen de ti. La con­fian­za no exis­te de for­ma ais­la­da, sino que está estre­cha­men­te liga­da al diá­lo­go interno. El Dr. Jim Afre­mow, psi­có­lo­go depor­ti­vo y coau­tor de The Lea­de­r’s Mind, dice que ”las pala­bras más impor­tan­tes que jamás escu­cha­rás son las que te dices a ti mis­mo”. Y, sin embar­go, es posi­ble que a veces te cas­ti­gues ver­bal­men­te, lo que pue­de dis­mi­nuir tu con­fian­za y limi­tar tu rendimiento.

Diga­mos que lle­gas tar­de a un entre­na­mien­to en el gim­na­sio y te olvi­das de traer tu pro­pia col­cho­ne­ta de yoga para tu calen­ta­mien­to. Solo te das cuen­ta cuan­do lle­gas allí e inme­dia­ta­men­te dices: ”Soy un idio­ta”. Lue­go te rega­ñas a ti mis­mo de nue­vo cuan­do se te caen las lla­ves al salir del coche. Estas dos cosas pue­den pare­cer peque­ñas, pero si se repi­ten con la sufi­cien­te fre­cuen­cia, soca­va­rán tu con­fian­za y te con­ver­ti­rán en tu peor enemigo.

Cuan­do te sor­pren­das dicien­do algo con­tra­pro­du­cen­te, con­tra­rres­ta­lo de inme­dia­to con una afir­ma­ción posi­ti­va como ”Eso no es pro­pio de mí” o ”Soy bueno en esto”. Esto hace que tu pen­sa­mien­to vuel­va a un camino cons­truc­ti­vo y, de hecho, aumen­ta­rá tu con­fian­za. La vida pue­de ven­cer­te por sí sola, no le des una herra­mien­ta más.

Como bien dijo Bru­ce Lee: “¡¡No hables mal de ti mis­mo, ni siquie­ra en bro­ma!! Tu cuer­po no sabe la dife­ren­cia. Las pala­bras son ener­gía y lan­zan hechi­zos (…). Cam­bia la for­ma en que hablas de ti mis­mo y podrás cam­biar tu vida”.

Con dema­sia­da fre­cuen­cia, enfo­ca­mos nues­tros esfuer­zos en los aspec­tos físi­cos por­que son los más fáci­les de ver y medir. Pero tu cuer­po se diri­ge en la direc­ción que tu men­te lo lle­va, así que tra­ta de ser más cons­cien­te de lo que estás pen­san­do, y si te está lle­van­do por el camino equi­vo­ca­do, usa las tác­ti­cas ante­rio­res para redi­ri­gir­te de nue­vo al camino del éxito.

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